Capitulo 3: Las reglas del juego.

Todos los juegos tienen reglas. Y si piensas que no hay reglas, es que quizás tu eres una pieza del juego. Y las piezas no necesitan saber de reglas. Son movidas por otros. A merced del capricho.


El cristal de la ventana los separaba. A hombre y ave. Sin embargo el profesor estaba tenso, con la mandíbula en tensión y los dientes apretados. Los puños los tenía fuertemente cerrados. Estaba más que en tensión. Estaba alerta. ¿Alerta por un cuervo? Parecía que en vez de un cuervo tuviese enfrente al peor de sus enemigos. El ave por su parte clavaba sus extraños ojos ambarinos en los azulados ojos de su oponente humano. Empezó a moverse las ramas de un árbol cercano por la repentina aparición del viento. Pero las alas del cuervo no se movieron ni tan siquiera un ápice. Estaba totalmente estático. Cual estatua silenciosa. Hubo un instante que el profesor desvió la mirada, incapaz ya de soportar aquellos escrutadores ojos ambarinos. Y entonces dentro de la mente del profesor se coló otra mente, más bien fue una voz. Una voz burlona y cargada de reproche. El profesor volvió a fijar sus ojos en la figura plumada que tenía enfrente de él.
-Has contravenido las reglas Loki. Y lo sabes, claro que lo sabes, pero aun así te importa un bledo. Como siempre.- Empezó la voz a reprender dentro de la mente del profesor. Este mostró una sonrisa de desdén al cuervo.- Tienes una forma de ver las cosas según tu conveniencia haciendo y deshaciendo sin importarte las consecuencias que es peligrosa .
-¿Las consecuencias?- pregunto altanera mente el hombre.
-Sí, las consecuencias. No te finjas tonto y por favor no me insultes pensando que yo soy uno de esos tontos que utilizas como marionetas a tu antojo con solo abrir tu boca y verter tu ponzoña- gruño la voz que invadía la mente del profesor.- Hay consecuencias. Claro que las hay. Demasiado tiempo te hemos permitido hacer y deshacer a tu antojo. Jugando con unas reglas que solo tú sabes y que deshaces según tus caprichos…..
-Ba, siempre con las mismas tonterías de……- empezó a decir el profesor pero fue interrumpido por la voz. Que ahora sonaba atronadoramente como si cientos de rayos cayesen desde el cielo fulminando cualquier cosa que se les interpusiese en su camino.
-NO ME INTERRUMPAS. ¿QUIÉN TE HAS CREÍDO QUE ERES? DESOBEDECES LAS NORMAS SIN PENSAR EN LAS CONSECUENCÍAS QUE TRAEN TUS ACTOS. UNAS NORMAS NECESARIAS PARA LOS QUE SON COMO TU Y YO. MATAS A TU ANTOJO PARA APODERARTE DEL ÚLTIMO ANTOJO QUE SE TE HA METIDO ENTRE CEJA Y CEJA. ¡¡ERES UNA DESHONRA PARA LOS QUE SON TUS IGUALES!!- La voz volvió a su tono anterior pero con un tono desafiante.- Violaste las reglas al matar a Raquel. En aquella ocasión no hicimos nada. Pero si se te ocurre interferir en los asuntos y decisiones de su hija, sí que intervendremos esta vez. No eres tu quién debes de elegir por ella si acepta o no lo qué es cuando llegue el momento. Y tampoco está en tus manos si es que acepta su don, el cómo, utilizarlo y para qué. Un don que utilizas a tu antojo. Sin reglas. Pero hay reglas. Y por esas reglas te juro que si sigues siendo un problema yo mismo te juro que te llevare a la estancia de las mil puertas. Sí, a la estancia de las mil puertas encadenado por tus propias atrocidades hasta que pierdas la razón una y otra vez hasta el final de los tiempos y no sepas tan siquiera quién fuiste en otro tiempo. Porque para ti la muerte seria un consuelo en vez de un castigo si fracasas. Estaremos muy atentos a tus maquinaciones. – La voz callo un rato, hasta que dijo una frases que sonaron a la vez a promesa y condenación-Recuerda mis palabras Loki, son tu salvación o tu condena tú decides.

El cuervo se marcho entonces del alfeizar de la ventana. Dejando solo a Loki. Pero no neutralizado. Todo lo contrario. Ahora más que nunca estaba decidido a llevar a cabo sus planes. El veneno de la determinación corría por sus venas. Sobre todo después de la visita del cuervo y de la conversación.
 –No, cuervo, yo acabare contigo llegado el momento y te prometo que será lenta y dolorosa tu muerte. Pienso disfrutarla cada milésima de segundo. Y tú maldecirás el haberte interpuesto en mi camino.
Y mientras lo decía estampo su puño en una de las mesas donde se sentaban los alumnos. El puño permaneció solo unos segundos, pero cuando lo retiro en el lugar donde había descargado su puño había una quemadura en forma de circulo irregular que desprendía un pequeño hilo de humo. Loki salió del aula. Algo había cambiado en su mirada. En sus ojos. Ahora eran rojos. Rojos como el fuego que ardía en su interior. Un fuego que estaba dispuesto a consumir el mundo si hacía falta para conseguir sus propósitos.

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