Capitulo 3: Las reglas del juego.
Todos los juegos tienen reglas. Y si piensas que no hay reglas, es que quizás tu eres una pieza del juego. Y las piezas no necesitan saber de reglas. Son movidas por otros. A merced del capricho. El cristal de la ventana los separaba. A hombre y ave. Sin embargo el profesor estaba tenso, con la mandíbula en tensión y los dientes apretados. Los puños los tenía fuertemente cerrados. Estaba más que en tensión. Estaba alerta. ¿Alerta por un cuervo? Parecía que en vez de un cuervo tuviese enfrente al peor de sus enemigos. El ave por su parte clavaba sus extraños ojos ambarinos en los azulados ojos de su oponente humano. Empezó a moverse las ramas de un árbol cercano por la repentina aparición del viento. Pero las alas del cuervo no se movieron ni tan siquiera un ápice. Estaba totalmente estático. Cual estatua silenciosa. Hubo un instante que el profesor desvió la mirada, incapaz ya de soportar aquellos escrutadores ojos ambarinos. Y entonces dentro de la mente del profesor se coló otra m...